La Granada
Escrito por olguita   

Desde tiempos remotos, la granada, una de las primeras frutas cultivadas por el ser humano, ha simbolizado el nacimiento, la vida eterna, la fertilidad y la muerte, quién sabe si por su abundancia de semillas y su facilidad para "sangrar". Hay granadas grabadas en las cámaras funerarias de la corte de Ramsés IV. Se dice que el granado era el árbol más apreciado en el antiguo Egipto porque simbolizaba el renacimiento.

La granada tiene su origen en Asia Central, probablemente en Irán o Afganistán, desde donde se extendió a todos los pueblos del Mediterráneo. Actualmente crece también en Brasil, California, Chile y otras regiones templadas o tropicales. Los cartagineses la llevaron allín adonde fueron, en parte porque formaba parte de sus ritos religiosos.

Fuente de potasio

La granada es una fruta de muy bajo valor calórico debido a su escaso contenido en hidratos de carbono. El componente mayoritario es el agua y en lo que se refiere a nutrientes, destaca su aporte de potasio. Este mineral es necesario para la transmisión y generación del impulso nervioso y para la actividad muscular e interviene en el equilibrio de agua dentro y fuera de la célula.

Popularmente se ha recomendado a adolescentes, embarazadas y personas anémicas por su supuesto contenido en hierro, aunque es en realidad mínimo. Otros nutrientes presentes en la granada en cantidades significativas son la vitamina A, el calcio y el fósforo.

Buena para casi todo

Los efectos salutíferos de la granada son conocidos desde tiempos remotos. Los sanadores han utlizado prácticamente todas las partes de la planta para curar desde conjuntivitis a hemorroides pasando por faringitis y gingivitis.

Por ejemplo, la decocción de corteza, raíces y hojas, o de la cáscara (30 g. - 10 minutos hirviendo), sirve para eliminar parásitos intestinales gracias a la acción del alcaloide peletierina. Este principio activo también está presente en las membranas interiores blanquecinas que separan los granos y, si se aísla en la laboratorio y se toma, tiene un efecto tóxico potente que produce temblores y parálisis. Sin embargo, tal como se encuentra naturalmente en la fruta, acompañado de taninos y otras sustancias, no causa ningún problema al organismo.

La decocción sólo se desaconseja en mujeres embarazadas y bebés lactantes.

La composición nutricional de la granada la hace recomendable para combatir la sequedad de las mucosas, las pieles agrietadas y las inflamaciones de boca y riñones. Su riqueza en manganeso puede justificar la fama de fruta afrodisíaca pues vitaliza el sistema nervioso y las hormonas sexuales.

Cómo aprovecharla

Si el consumo de granadas no es mayor se debe en parte a la pereza que da pelarlas. En nuestra gastronomía no se dan muchas recetas saladas con frutas. En concreto, al hablar de la granada, sólo se la suele encontrar en la ensalada con escarola. Lo más normal es que se consuma como una fruta, de forma aislada, o como mucho adornando algún postre o helado. Y así, sin duda, resulta deliciosa y única, pero nuestro pasado andalusí nos legó otros modos de disfrutarla, y la cocina creativa actual también encuentra nuevas recetas para su degustación.

Se pueden añadir a ensaladas, en especial a las que incorporan ingredientes amargos como la escarola, la rúcula, los berros, las endibias y el radiccio o achicoria morada. También a masas para rellenar pimientos, berenjenas o empanadillas, a cuscús, a crepes salados o dulces, y salteados de verduras rápidos, de estilo oriental. Y en cuanto a los dulces, acompañan a los mueslis, algunas tartas y cualquier macedonia.

Sus granos pueden combinarse con quesos variados, yogur, natillas, helados y sorbetes, con frutos secos o con otras frutas afines como los dátiles o los higos. En los países árabes elaboran una especie de tortas de mazapán rebozadas en granos de granada, y los turcos preparan una curiosa crema de arroz y almendras, llamada keskul, que decoran con ellos.

Zumo de granada

En el pasado, la manera más común de utilizarla en la cocina era a través de su zumo, que se empleaba como elemento ácido para cocinar sopas, guisos elaborados, marinadas o adobos, y sobre todo en sorbetes y bebidas refrescantes.

En España, durante el periodo de Al-Andalus, se elaboraba un sirope muy popular cociendo los zumos de granadas dulces y ácidas junto con un poco de zumo de uva, que se rectificaba con azúcar o miel. Otras veces se añadía algo de limón, azúcar y agua de rosas. Y también se aromatizaban con él los vinagres o se elaboraban vinos.

Hoy se encuentra la granadina, un concentrado que probablemente tenga su origen en esos tiempos, y que se emplea para cócteles y postres, o para conservar el color de algunas jaleas y mermeladas.

Y a la hora de comprar...

Deben presentar un aspecto sano, sin cortes en la piel ni zonas machacadas. El contrario de lo que se suele pensar, la zona roja es precisamente la que ha recibido menos sol y la que está, por tanto, menos madura. Cuando de verdad culmina el proceso de maduración, adopta un color pardo. Las grietas y la piel arrugada pueden ser signos de una recolección tardía o una mala manipulación. Deben sentirse pesadas para su tamaño. Si la piel presenta una tonalidad excesivamente marrón o los granos son muy pálidos puede deberse a heladas tardías o a que han estado almacenadas en malas condiciones, con mucho frío.

A temperatura ambiente se conservan 4 o 5 días, y en el frigorífico hasta tres o cuatro semanas, especialmente si se protegen en cartuchos de papel.

Si se tiene la suerte de disfrutarlas en abundancia, bien porque se cultiven en el propio jardín o porque lo haga un buen amigo, se pueden desgranar, guardar en bolsitas y congelar. Aunque perderán su textura, servirán para elaborar deliciosos zumos y mermeladas.

 

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